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Visitando el pueblo de Parkani en Pridnestrovia

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En el pueblo de Parkani, en Pridnestrovia (un Estado no reconocido dentro de la República de Moldavia, también llamado Transnistria), confeccionar banitsa es un arte, parte del ritual de dar la bienvenida a apreciados huéspedes. La profesora jubilada Valentina Nikolaevna Obruchkova explica que a la masa de la banitsa local (pastel búlgaro de queso y masa filo) no se le añade levadura. La harina se mezcla con agua y sal, y las láminas se hacen muy, muy finas, casi transparentes, tanto, que a través de ellas se puede leer el periódico. La banitsa sube gracias a los huevos que se mezclan con el requesón del relleno, especifica Valentina. Recuerda su infancia, cuando su madre preparaba banitsa con "suertes": monedas, ramitas u hojas de laurel, cada una de las cuales tiene un significado. 

La historia búlgara del pueblo de Parkani empezó a principios del siglo XIX, cuando el duque francés Armand Emmanuel du Plessis de Richelieu fue nombrado gobernador general de la Nueva Rusia (término histórico que en el siglo XIX designaba la costa norte del mar Negro). Cruzando las tierras desiertas a ambas orillas del río Dniéster, Richelieu decidió que eran muy adecuadas para un asentamiento, e invitó a colonos de cerca y de lejos. Acudieron moldavos, ucranianos y cosacos de Zaporozhia (región ucraniana), que sin embargo, no se quedaron mucho tiempo.  En 1806 llegaron a Pridnestrovia los primeros colonos búlgaros en busca de una vida mejor. Se cree que fue entonces cuando se fundó el pueblo búlgaro de Parkani. El nombre no es búlgaro, viene del término ucraniano "barkan" (valla o cerca).

Parkani es famoso porque los búlgaros asimilan a todos quienes se asientan en el pueblo. Tenemos moldavos, ucranianos, alemanes, judíos, armenios, bielorrusos... pero sus hijos, quién sabe por qué, son percibidos como búlgaros. En el censo más reciente, un 80 % de los 10.000 habitantes del pueblo se identificaron como búlgaros, cuenta Valentina.

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Durante más de 200 años, los habitantes de Parkani han conservado la identidad y las tradiciones búlgaras. Su lengua búlgara, a pesar de tener cierta influencia del ruso, suena arcaica, por ello el pueblo es como un imán para lingüistas y etnólogos. Actualmente van a Parkani maestros búlgaros para enseñar búlgaro moderno a los jóvenes, para quienes esto a menudo es una motivación para regresar a su patria. 

La casa de cultura local hace mucho por preservar el espíritu búlgaro. Con su apoyo, los jóvenes del pueblo llevan tres años consecutivos organizando a orillas del río Dniéster la bella fiesta "Megdan" (feria). Vienen búlgaros de Ucrania, Bulgaria y Moldavia, explica Valentina.

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Ella misma está dedicada a resucitar las tradiciones olvidadas. Lleva años reuniendo objetos domésticos antiguos: ropa, utensilios de cocina... Posee una rica colección de fotos de bodas que refleja la historia de los vestidos nupciales desde los años 20 del siglo pasado hasta la actualidad. Todo se conserva en el Museo de Historia del pueblo de Parkani, creado por iniciativa suya, que por desgracia todavía no se ha podido inaugurar de forma oficial.

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Entre las bien conservadas e interesantes tradiciones del pueblo se encuentran las ceremonias nupciales. Aquí en Parkani el novio debe entregar a su elegida un pañuelo que contiene grano, símbolo de prosperidad y fertilidad, así como un objeto de oro, normalmente una cruz, a veces un anillo o unos pendientes, explica la maestra. En fotografías antiguas he visto a mujeres con dos cruces al cuello. Después del compromiso, a veces el novio debía partir. Entonces la novia llevaba junto con su cruz la que él le había regalado. Podía salir a bailar joró, pero las dos cruces indicaban que no estaba libre. La segunda cruz se la solía poner también para el bautizo de su primer hijo. El día de la boda, tanto la en la casa del novio como en la de la novia se reunían los familiares. Hacia las cuatro o las cinco de la mañana un grupo de mujeres subía a algún sitio alto y cantaba mirando al sol la canción "Amanece un claro sol", para pedir una vida feliz para la joven familia. 

Otro interesante ritual antiguo es el de "besar la mano", que se lleva a cabo cuando el novio lleva a casa a la novia. Realmente no se llega a besar la mano, especifica Valentina. Esa costumbre implica que la joven pareja dé una vuelta a la mesa de los invitados estrechándoles la mano, primero él, luego ella. Cuando los invitados estrechan la mano de la novia, le dan "secretamente" una suma simbólica de dinero, como señal de que la reconocen como ama de casa y guardiana del fuego del hogar, con sus deseos de que el presupuesto familiar esté en sus manos.

Versión en español por Marta Ros
Fotos: Archivo personal



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