Nochebuena es una de aquellas fiestas silenciosas y llenas de esperanza para los días que están por venir. En la frontera entre el pasado y el presente los búlgaros ortodoxos, independientemente del lugar por el mundo donde estén, se reúnen para recibir los días futuros. Por tradición los platos se preparan sin grasa animal, la mesa es frugal ya que el Hijo de Dios nació en un pesebre, lejos del bullicio y la vanidad del mundo. Los primeros que vieron al bebé no eran soberanos, sino ovejeros que se aproximaron a él para venerarle.
Por esto la Iglesia Ortodoxa Búlgara hace hincapié en el lado espiritual de la Navidad, a la humildad y la atención al prójimo, siguiendo el ejemplo del Hijo de Dios. “Nuestro amor hacia el prójimo es la medida para nuestro amor hacia Dios”, en palabras de san Serfin de Sofía.
En este espíritu es el llamamiento que el clero dirige a los creyentes: hay que celebrar el natalicio del Salvador “no de una manera mundana”, sino con alegría espiritual, con oraciones para los que sufren y pensando en los pobres y en las personas sin hogar.
Cada uno desea alegrar a sus familiares con regalos, pero el verdadero regalo es el inmaterial. Está en las palabras amables, la atención, los valores humanos que nos transforman en la luz del amor de Dios.
En espera de la preclara fiesta el metropolitano Antonio de Occidente y de Europa Central ha dirigido sus bendiciones al auditorio de Radio Nacional de Bulgaria con atención en la futura generación.
“Vivimos estos momentos sacros tanto en la iglesia terrenal como en la celestial. Preparémonos para abrir nuestros corazones, igual que el pesebre que acogió al joven Dios. Seamos mejores personas, tengamos más amor en nuestros corazones, conservemos nuestra fe ortodoxa con más esperanza, más caridad, más desvelo y cuidado hacia la joven generación. Como sabemos, cosecharemos lo que hemos sembrado. Debemos sembrar con amor para cosechar buenos frutos que sean una garantía para el bienestar de nuestra sociedad”.
El regalo que espera Jesucristo para su fiesta es que los creyentes lo sigan con humildad y docilidad, olvidando su egoísmo y sus pasiones. Con las palabras “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres” en los templos ortodoxos dirigimos oraciones a Dios como si fuéramos un corazón y una boca para el cese de las guerras y del odio y la división entre las personas por el mundo.
Fotos: Facebook, BGNES, Darina Grigorova
Traducido y publicado por Hristina Táseva
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