Cada otoño, las zonas húmedas y los ríos búlgaros se llenan de graznidos de miles de bandadas de aves, porque llega la temporada de su migración hacia el Sur y sus paraderos de invierno. En Bulgaria hay registradas más de 400 especies de plumíferos, 26 de las cuales están en peligro de extinción a escala mundial. Los sitios de importancia ornitológica en este país rebasan de 90; gran parte de ellos bordean la costa del mar Negro, por donde pasa la Vía Pontica, una de las arterias aéreas más importantes por el camino de las aves de Europa a África. Por otra parte, cerca del 70% de toda la riqueza plumífera de Bulgaria se da en la porción oriental del macizo Ródope, al sur del país. Por eso no es de extrañar que Bulgaria atraiga a aficionados a la ornitología de toda Europa y de EE.UU.
Son gente curiosa, bien ilustrada y… solvente. Llegan a Bulgaria con el único objetivo de observar alguna especie previamente seleccionada. Armados de prismáticos y cámaras fotográficas, esos entusiasmados amantes de la naturaleza salvaje visitan los rincones más recónditos de Bulgaria para ver, aunque de lejos, algún águila o una bandada de gansos de pecho rojo, por ejemplo.
“Organizamos giras especializadas que suelen durar entre siete y catorce días e incluyen los hábitats más interesantes de aves en el país −dice el operador turístico Pétar Dilchev y acto seguido precisa cuáles son las especies de plumíferos más atractivos para ornitólogos y fotógrafos− . Cabe comenzar, quizás, por las tres de las cuatro especies de buitres europeos que anidan en Bulgaria: el egipcio, el leonado y el negro. En cuanto a las aves acuáticas, la mayor variedad de ellas se puede observar a lo largo de la costa del mar Negro, pero los que mayor interés provocan son el pelícano crespo y el rosa. En otoño, bandadas de más de cien aves migratorias entre cigüeñas, pelícanos y diferentes aves de rapiña acuden a los humedales de Vía Pontica. Es marcado el interés de científicos y aficionados también por la reserva biosférica de Srébarna, al lado del río Danubio, donde anidan 221 especies de plumíferos”.
El período migratorio de las aves se extiende, por lo general, entre septiembre y octubre, cuando más del 80% de la población de la cigüeña blanca y el pequeño águila chillón pasa por el territorio de Bulgaria. Los turistas que acuden al país en esa temporada lo hacen para observar la afluencia de cigüeñas negras, abejeros europeos y ratoneros, entre otros. Lamentablemente, los cambios globales del clima se dejan sentir también en este dominio, comenta Pétar Dilchev.
“Hay sitios donde las aves suelen pernoctar o descansar durante todo el período de su migración al sur. Uno de estos sitios es el lago de Duránkulak, en el extremo norte de Bulgaria. En invierno en ese lago anidan familias del ganso de pecho rojo llegados desde la tundra. Hasta hace unos años se podía observar allí del 80 al 90% de la población mundial de la citada especie plumífera única. Por desgracia, el cambio climático se refleja hasta en la conducta de la fauna salvaje. Como los inviernos de los últimos años han dejado de ser tan fríos como antes, las aves ya pueden encontrar comida en otras zonas, más al norte de Bulgaria, y muchas de ellas han dejado de pasar el invierno en este país. Eso se refiere también al lago de Duránkulak, donde los miles de gansos de pecho rojo que se solían ver por esos lares van disminuyendo de año en año”.
Versión en español de Katia Dimánova
Fotos: Pétar Dilchev
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