En los últimos días han ido menudeando las manifestaciones de descontento público que revelan deficiencias en la gestión del Gobierno de Boyko Borisov pero no repercuten sustancialmente en su Gabinete ni redundan en una solución de los problemas. La crisis del agua en la ciudad de Pernik, las toneladas de residuos que se han descargado en Bulgaria, el desastre ecológico provocado por los pesticidas arrojados al río Maritsa, el aire contaminado en las grandes ciudades, los problemas relacionados con las represas y el suministro de agua en Bulgaria, la ratificación del CETA por el Parlamento han movido a numerosas personas a volcarse a la calle.
He salido a protestar movido por la idea de que hay que quitar la basura de Bulgaria. Estos residuos serán un problema terrible para las futuras generaciones, dice Gueorgui Petkov, que destaca que son múltiples las causas que motivan las protestas. Cómo es posible importar a Bulgaria cantidades tan ingentes de residuos sin el conocimiento y el consentimiento de los búlgaros. El medio ambiente se encuentra fuertemente amenazado y este problema hay que resolverlo con mucha urgencia.
También lo considera así Ivaylo Zdravkov, que insiste en que el Gobierno dimita: Me enteré de la protesta en Facebook, me levanté y salí a la calle. El cuadro es de veras muy lamentable y no veo cómo las protestas puedan conducir a resultado alguno.
Suscribe la misma opinión Atanás Goranov, que resalta el escaso número de las personas en protesta. Todos estos problemas, al parecer, resultan insuficientemente fundados para acaparar la atención de un mayor número de ciudadanos y provocar la dimisión del Ejecutivo, tal y como esto había sucedido años atrás en Bulgaria.
Según el politólogo Kancho Stoychev, el Ejecutivo actual sólo se puede venir abajo por razones internas puesto que se encuentra estabilizado tras las elecciones europeas y los comicios municipales en 2019. Existe al mismo tiempo, una posición activa que, sin embargo, no llega a ser convincente en la conciencia de la gente. Son similares las ideas del sociólogo Antonii Galabov, quien cree que en Bulgaria está ausente la sensación de un proyecto político existente, capaz de granjearse la confianza de la mayoría de los ciudadanos búlgaros. En la sociedad búlgara hay una acentuada búsqueda de algo distinto. El problema reside en el hecho de que, de momento, en esta búsqueda no se acaba de encontrar algo que infunda confianza en grado suficiente.
El estatus quo se conserva por falta de alternativas.
Probablemente por ello volvió a ser rechazada la cuarta moción de censura a los gobernantes, promovida por la oposición, pese a que, según el politólogo Boris Popivanov, ha sido la cosa más lógica que pueda suceder en medio de semejante situación. Señala que en cada año de elecciones los problemas que no hayan sido resueltos pueden ser encubiertos con la aseveración de que resaltarlos forma parte de la campaña electoral de los rivales políticos. Después, sin embargo, estos problemas vuelven a aflorar. El politólogo opina que el descontento acumulado se produce contra un marco excesivamente prolongado del desarrollo del país, caracterizado por la falta de una perspectiva clara y de clara visión estratégica en cualquier esfera. El sector hídrico es ejemplo de candente actualidad en este momento pero adondequiera que se mire se descubrirán los mismos problemas: la negligencia y el desinterés”. Esta sensación de desinterés es la que genera en gran medida también la apatía de los búlgaros que no ven sentido en las protestas como manifestación pública capaz de alterar el estatus quo actual.
Pocas son las personas que se muestran solidarias y apoyan las protestas de otros sectores de la sociedad, abrazando como suyos propios los problemas de esos sectores.
Desde hace un par de años las protestas se han convertido en la forma habitual para atraer la atención de los gobernantes a los que, aparentemente, no les preocupa el descontento popular. Cuando madres de hijos con discapacidad, dueños de los animales domésticos sacrificados por la peste porcina y enfermeras se plantaron delante de los edificios del Consejo de Ministros y el Parlamento, fueron pocos quienes apoyaron sus protestas.Incluso en las protestas más recientes en Sofía la mayoría de los vecinos de la capital pasaban impasibles esquivando a los participantes en las protestas. Algunos de ellos tienen bien claros los problemas de los otros pero no están convencidos de que protestar pueda rendir frutos. Otros prefieren expresar su desacuerdo en las redes sociales y lo consideran suficiente.
Al parecer, los búlgaros y los gobernantes ya se han vuelto insensibles tras la sucesión de escándalos con los pisos a precios rebajados, las casas de huéspedes, la caja sanitaria y ahora el caso de las loterías privadas, que desde hacía un lustro escapaba a la atención de Hacienda. En fin, todo esto pasará a la historia y se olvidará ya que, como se dice en Bulgaria “No hay milagro que dure más de tres días”.
Versión en español por Mijail Mijailov
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