Konstantin Kostov es un pianista concertino de jazz y profesor en la “Hochschule fur Musik und Theater Munchen”, la Universidad de Música y Artes Escénicas de Munich. Ha tocado en muchas ciudades de Alemania y Japón, así como en Rusia, Italia y Bulgaria. Sabe alemán, inglés, polaco, ruso, serbio, algo de japonés. A finales de abril, Konstantin participó en el proyecto concertístico “Jazz Migrations”, que presentaba a pianistas búlgaros que viven en el extranjero. En los últimos años Konstantin ha trabajado también en Polonia, donde actuó activamente con músicos polacos. Hace unos días estuvo con dos de ellos sobre el escenario del “Jazz Forum” de Stara Zagora: La cantante Agnyezka Hekiert y Sezary Conrad (percusión), así como con Radoslav Slavchev (bajo). Afirma que prefiere el jazz moderno, el “crossover”, el folk jazz, ritmos inigualables y melodía oriental.
Konstantin nació en Vratsa, en el seno de una buena familia que le proporcionó un buen entorno para su desarrollo, según sus propias palabras. En su juventud, su padre estudió trompeta en la Academia de Música de Sofía, aunque después se licenció en Derecho. Konstantin empezó a dedicarse al piano en su ciudad natal con Petar Karaguenov y continuó sus estudios en Pleven.
Entonces había metodistas que recorrían las escuelas de música de todo el país, escuchando a los alumnos, y eligiendo a algunos con los que trabajar de forma esporádica, cuenta. En esa época la responsable en Vratsa era Elena Karamisheva, veterana profesora de piano en la Escuela de Música de Pleven. Empezó a ocuparse de mí desde pequeño, y más tarde seguí con ella en la Escuela de Música. Antes de partir a Pleven descubrí el jazz. Tras los cambios de 1989, Milcho Leviev regresó de EEUU, dio una serie de conciertos y también vino a Vratsa. Tocó “Rhapsody in Blue” de Gershwin con la Orquesta Filarmónica de Vratsa. Las entradas estaban agotadas, pero mi profesor de piano me cedió la suya, un gran gesto que no olvido. Esa fue la primera vez que escuché a un gran pianista tocar jazz en vivo, y me enamoré de esa música. Más tarde, en la Academia de Sofía, estuve en una clase con la profesora Yulia Tsenova, una persona muy artística e interesante compositora, tuve un gran contacto con ella. Después me fui a Munich, mi sueño era estudiar con Leonid Chizhik, un auténtico titán del piano jazz. Era muy difícil ingresar en su clase, así que fue una gran alegría para mí que me aceptara. Tengo una relación especial con él, es como mi padre. Incluso ahora seguimos viéndonos, hablando y tocando.
Cuando se graduó en la Academia de Munich, Konstantin se presentó a un concurso para profesores y desde 2008 da clases de piano. Llevo también un combo, un trío y diversos conjuntos, y la dirección es jazz moderno y ritmos irregulares, explica. También le gustan los clásicos búlgaros, por eso sus piezas de autor a menudo son sobre temas de sus obras.
Uno de los proyectos de Konstantin se llama “Consolation”, contiene nueve piezas y está dedicado a sus dos hijos, que en los últimos años viven a miles de kilómetros de él.
Son medio japoneses y medio romaníes, como yo. Pero no lo saben, son pequeños… Por eso elegí decírselo con una pieza especial que compuse, “Shukar”, que significa “Bonito” en mi lengua materna.
Konstantin está convencido de que la forma de tocar de un músico muestra qué tipo de persona es, cómo se relaciona con las personas y las cosas de la vida, cual es su filosofía y su estética. Para el proyecto “Jazz Migrations” en abril eligió tocar con Jristo Yotsov, batería, y Dimitar Karamfilov, contrabajo. Para mí, Jristo es un gran músico, además de instrumentalista es muy buen compositor. Creo que es el mejor batería de Bulgaria. Él, Dimitar y yo hemos encontrado un lenguaje común en el escenario y estoy convencido de que seguiremos tocando juntos.
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