Carolina Feuerharmel Ribeiro trae consigo el sol de Brasil y tiene una sonrisa permanente en la cara. La música la ha traído a Bulgaria.
Soy brasileña, nacida en San Paulo –cuenta Carolina – . Estudié violín en nuestra universidad. Fue entonces cuando conocí a una profesora búlgara de violín que vivía en Brasil: Evguenia–María Popova. Nos caímos muy bien, ella me invitó a estudiar con ella en la Academia Musical, y en 2007 me vine a Bulgaria.
En la actualidad prosigue su educación con un doctorado en la Nueva Universidad Búlgara con el destacado violinista y profesor, Mario Hossen. ¿Cuáles son las posibilidades de realización de un músico en Bulgaria?
Es una pregunta complicada –explica Carolina– . Por ahora he decidido quedarme en Bulgaria. Toco en diversas orquestas, doy clases en casa y en escuelas privadas. Aquí hay mucho trabajo en ese ámbito. Recientemente estuve en Australia, un país enorme, pero creo que en todo su territorio existen solamente cinco o seis orquestas profesionales, lo cual es muy poco. Aquí, solamente en Sofía ya tenemos más orquestas. Esto por un lado es maravilloso, pero por el otro, para mantener un nivel de vida normal, uno tiene que trabajar mucho y se ve obligado a tocar en varias orquestas.
Carolina ha actuado con casi todas las grades orquestas de Sofía. Ha hecho prácticas en la Orquesta Sinfónica de Radio Nacional de Bulgaria, ha formado parte de la Filarmónica de Sofía, del conjunto Camerata Órfica, desde 2012 es parte de la orquesta de Classic FM y desde el año en curso trabaja en la Orquesta Sinfónica de la Academia Musical. Vino a Bulgaria por la música, y a la vez muchos músicos búlgaros van a trabajar a Brasil. “En la mayor orquesta de San Paulo, por ejemplo, hay cuatro búlgaros, y en la ciudad de Manaus, al norte del país, la mitad de los miembros de la orquesta son búlgaros”, apunta Carolina. Le preguntamos ¿cuáles son, según ella, las similitudes y las diferencias entre búlgaros y brasileños?
Nosotros, los brasileños, somos temperamentales, los búlgaros también. Somos gente muy cálida y nos comunicamos libremente. En Brasil, tal vez debido al intenso calor, a la gente se le ve muy tranquila, mientras que aquí hay personas bastante nerviosas. Pero esto es cuestión de naturaleza, está convencida la brasileña.
El temperamento similar la ha ayudado a Carolina a integrarse fácilmente entre los búlgaros. El idioma tampoco es un problema, ya que en general los idiomas se le dan bien.
Me resultó más difícil acostumbrarme a un estilo de vida diferente –comenta la violinista– . Yo soy de San Paulo, sólo en esa ciudad la población es casi cuatro veces mayor que la población total de Bulgaria. Somos 25 millones de personas en una sola ciudad. Ahí todo es enorme, con grandes centros comerciales, en todas partes hay colas, todo está lejos. Cuando llegué a Bulgaria empecé a ir andando a todas partes. Al principio esto me confundía un poco, por entonces aún no había centros comerciales. Esto me resultaba extraño, pero con los años me empezó a gustar. Me encanta ir andando a trabajar, a la tienda de comestibles de la esquina. La vida aquí es mucho más tranquila, diría que incluso más humana. Por esto estoy feliz con la vida en este país. Sé que hay gente que vive con dificultades, pero también en Brasil es así, por desgracia.
En su tiempo libre a Carolina le gusta dedicarse a la cocina, y de hecho cocina estupendamente. Esta pasión la llevó a participar con éxito en el show televisivo Masterchef. Ahora se considera casi búlgara, pero no pierde el contacto con su patria, donde regresa a menudo. Su novio, al que conoció en Bulgaria, también es brasileño. Dice que la comunidad brasileña en el país va creciendo de forma gradual.
Antes éramos una veintena, incluyendo el personal de la Embajada. Ahora creo que somos más de 50, tal vez incluso 70. Algunos son músicos. Últimamente, acuden también muchas personas que quieren trabajar en grandes empresas internacionales aquí, en call–centers. Es un trabajo para el que no se requiere educación superior, pero aquí en Bulgaria se paga bien. Actualmente en Brasil hay una crisis financiera y la gente se va. Además, ¡Sofía es una ciudad maravillosa! A mí me encanta. En una ciudad bonita, en la que puedes encontrar algo de todo el mundo. Y últimamente se está convirtiendo en una ciudad más viva, con bares, restaurantes, teatros, salas de conciertos.... A la gente le resulta interesante, y por eso viene.
Versión en español por Marta Ros
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