Los búlgaros forman parte de los procesos migratorios intensificados a nivel global, causados en los últimos años por problemas económicos y políticos, cataclismos naturales y otros. Investigadores del Instituto de Etnología y Estudios Folclóricos con Museo Etnográfico, adscrito a la Academia de Ciencias de Bulgaria, unieron sus esfuerzos para realizar un estudio de envergadura de las comunidades búlgaras en el extranjero.
A lo largo de tres años los científicos visitaron 17 países y se reunieron con representantes de 305 organizaciones búlgaras, centrando su atención en las nuevas comunidades de emigrantes búlgaros en Europa y los Estados Unidos. En el estudio el equipo presenta ejemplos de buenas prácticas para mantener la vida cultural búlgara en el extranjero, pero también identifica problemas y formas para resolverlos. El estudio muestra que la ortodoxia, el idioma, el calendario festivo, el folclore, la literatura y la comida búlgaros son los elementos clave que unen a los búlgaros expatriados. Vladimir Penchev, jefe del proyecto, dice:
La presión pública es la que genera las políticas. Quisiera creer que la sociedad búlgara se comprometerá con los problemas de nuestros compatriotas en el exterior y que superaremos un cliché que existe desde hace años: de que nosotros somos héroes porque nos hemos quedado a vivir en Bulgaria, mientras que ellos se han ido para tener una existencia mejor. En realidad las cosas son mucho más complicadas. Una gran cantidad de estas personas consiguen prosperar en un ambiente ajeno y, en algunos aspectos, hasta hostil. Además de ayudar financieramente a sus familiares, están propensos a contribuir para el avance de nuestro país.
La institución que une de manera más fuerte a los emigrantes búlgaros son las escuelas dominicales. Uno de cada cinco niños búlgaros en el extranjero, integrados en el sistema educativo del país de acogida, los fines de semana frecuenta también una escuela búlgara. Ello requiere tiempo y esfuerzos tanto de los padres, que llevan a sus hijos a la escuela dominical que, a veces, está en un Estado o país vecino, como de los maestros, que durante la semana se dedican a su actividad principal, generadora de sus ingresos.
El sistema educativo búlgaro en el extranjero es creado, generalmente, por maestros y padres, que se organizan entre sí para mantener en los niños el sentimiento de identidad nacional, comenta la Dra. Marianka Borísova, integrante del equipo del proyecto.
En 2007 fue fundada la Asociación de las Escuelas Búlgaras en el Extranjero que realiza la conexión entre las instituciones educativas búlgaras en el extranjero. También es intermediario entre ellas y el Ministerio de Educación de Bulgaria. Además se ha puesto en marcha un Programa Nacional de Lengua y Cultura Búlgaras en el Exterior con miras a apoyar la financiación de las actividades escolares. Otra integrante del equipo del proyecto, la Dra. Lina Guergova, estima que en esta esfera tampoco faltan problemas que esperan ser resueltos:
Uno de estos problemas es la falta de estímulos que impulsen el aprendizaje temprano del idioma. No son pocos los búlgaros en el extranjero que no enseñan a sus hijos el idioma materno, sino que confían en la escuela dominical. Eso, a veces, no es suficiente para aprender el búlgaro. Lo que proponemos a las instituciones estatales es realizar políticas en apoyo a los círculos infantiles para el aprendizaje temprano del idioma a fin de que el búlgaro no sea enseñado como un idioma extranjero.
Otra institución de importancia en la vida de la comunidad búlgara en el extranjero es la Iglesia. Su papel lo resume Katya Mijáylova, integrante del equipo del proyecto:
El papel de la Iglesia de los búlgaros expatriados es un tanto diferente del de su papel en Bulgaria. En el pasado, los emigrantes creaban una iglesia y un Consejo Parroquial, luego buscaban dinero para construir el propio edificio, luego fundaban una escuela y grupos folklóricos de aficionados. En el centro de todo estaba la Iglesia. En la segunda mitad del s. XX este papel de la Iglesia fue decayendo pero hoy en día, con la nueva ola de emigrantes, se observa un renacer de esta tradición. Tales buenos ejemplos hemos visto en las comunidades de emigrantes búlgaros en Los Ángeles, San Diego y otras partes de EE.UU. En Europa se dan otras buenas prácticas. En Alemania, por ejemplo, la Iglesia Ortodoxa Búlgara y los creyentes cooperan con las demás comunidades ortodoxas. Celebran conjuntamente misas y festivales culturales, también organizan Semana de la Ortodoxia Oriental.
Versión en español por Daniela Radíchkova
Fotos: MIglena Ivanova
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