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Quién y por qué construye iglúes en Bulgaria

En medio de la nieve amontonada junto a uno de los albergues de la montaña Rila, en el suroeste de Bulgaria, apareció un simpático asentamiento blanco como la nieve, que no figura en los planes urbanísticos. Sucedió durante la decimocuarta edición de Iglumanía, un torneo de construcción de iglúes, que se celebra cada año a mediados de marzo en ese mismo lugar.



A medida que suban las temperaturas, estas
casas de nieve, exóticas para nuestras latitudes, irán desapareciendo poco a poco, pero quedará el recuerdo de la increíble experiencia de haberse reunido en medio de la nieve con gente que comparte los mismos intereses, montañeros apasionados, de espíritu alegre y no necesariamente urbanistas prometedores. El evento fue organizado en Facebook por el grupo Montañeros.

Aportan más detalles sobre Iglumanía tres miembros del jurado: Nia Stoyánova, Taña Yákova y Stoyán Mutafov. Éste último, además de ejercer de jurado, cuando es menester hace entrar en calor a los participantes con un brandy aromático preparado por él a base de una receta antigua, que contiene 51 hierbas medicinales recolectadas en la porción central de la cordillera del Balkán.

Taña, Stoyán y Nia en el estudio de Radio Bulgaria

Ya sea entusiasmados con la manía por los iglúes o con el olor a buen brandy, los participantes en la competición aumentan con cada año que pasa.


Este año hubo ocho equipos
dice Nia. Por reglamento, cada equipo está compuesto por cinco personas. Sin embargo, en esta ocasión se dio la circunstancia de que uno de los conjuntos estaba integrado por dos personas que incluso ocuparon el sexto puesto, pese a no haber construido antes un iglú. También hubo participantes de años anteriores.

Además de divertida, la construcción de iglúes es una actividad útil. La idea del torneo es que los participantes aprendan a construir refugios de invierno.

Cualquiera puede pasar por un duro trance en la montaña en invierno explica Stoyán. Construir un iglú es la forma más segura de sobrevivir lejos de un refugio o albergue, incluso con malas condiciones meteorológicas. Los tres miembros del jurado rememoran un suceso trágico ocurrido en diciembre de 1994. Un grupo de 50 turistas que se dirigía al pico Ambáritsa en la cordillera del Balkán, quedaron envueltos en una niebla perdiendo la orientación. El grupo se dividió: una parte decidió excavar un refugio en los montículos de nieve y esperar, y la otra decidió seguir adelante. 12 personas del segundo grupo fueron alcanzadas por la muerte blanca, mientras que el grupo escondido en el iglú consiguió sobrevivir sin sufrir daños.

Para construir un iglú, se necesitan una pala para avalancha y una sierra para cortar ladrillos de nieve. Al principio, se fija el centro de la cabaña, se coloca un bastón de esquiar y mediante la rotación de una cuerda a 360 grados, se determina el círculo ideal para el habitáculo, explica Taña.

Los propios equipos eligen el tamaño del iglú. Cuanto más grande es éste, más riesgo corre el equipo de no clasificar a la final. La parte más complicada es colocar la bóveda del iglú terminado. Para ello son necesarias dos personas: una en el exterior y la otra en el interior, y la bóveda debe estar bien colocada y reforzada. La entrada se recorta al final. El jurado sigue de cerca el trabajo de los competidores.



Este año, el ganador fue un equipo que construyó un iglú perfecto
con una superficie de 8,50 metros cuadrados y, además, puso un muñeco de nieve delante.



Los participantes más audaces pasaron la noche siguiente en el iglú. Respecto a las reglas de la competición, Stoyán aclara:
El reglamento está calcado de un torneo similar que tiene lugar en la ciudad rusa de Omsk. Se mide la superficie del iglú. Se dan puntos de penalización si en el equipo no hay chicas, así como por juntas en la construcción. El tiempo de la competición es de dos horas, y, una vez terminado, se otorga un punto de penalización por cada 10 minutos que lo excedan. Los puntos de penalización se restan de la superficie del iglú y, a veces, hay casos cuando en el ranking la superficie de los iglúes es con signo negativo.

En palabras de Nia, en la actual edición del certamen todos los equipos lo han hecho muy bien. Los ganadores fueron premiados con gorras, botellas deportivas y otras cosas de las que no se puede prescindir en la montaña.



Un mes antes, en febrero, en la montaña Vítosha
, próxima a la capital de este país, Sofía, se organiza una Iglumanía para niños, y los críos no ceden en nada a los mayores, sino que a veces hasta los superan en maestría e imaginación.



Versión en español por Daniela Radíchkova
Fotos: Miglena Ivanova y archivo personal



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